Álamos de
Aspen
Mañana helada.
Diapasón de bruma.
Punto que de tanto en tanto
entorpece la blancura de los
tallos.
Mira cómo el frío se dispersa
en el roce de los dedos.
Las hojas giran como niños
y hacen música con la
respiración.
Humedad de rojos encrespados
en la flor de nuestro suelo.
Epígrafe del árbol celta
en el fondo de mis manos.
Escucha el espíritu del viento
que sacude nuestra risa.
Espera todo de ellos, los
álamos.
La aparente quietud de la
postal
que una noche me dejaste en el
camino.
Cada árbol se parece a un día
esperando ser luz en la
mañana.
María A. Mónaco
